–
La última edición de El club ha sido también la número 1.000. ¿Cómo ha afrontado la recta final?--La coincidencia ha sido fantástica. Ha sido una satisfacción haber estado cinco años haciendo El club. Además, en la tele hay muy pocos programas que se puedan permitir el lujo de decir adiós. Normalmente dices hola, se anuncia mucho el espacio durante un mes, empieza y, sin saber cómo, desaparece.
–¿Siente tristeza? ¿O tal vez alivio?–Tendré un sentimiento de vacío emocional. Son cinco años de tele diarios --y antes cuatro de radio-- con gente como
Cristina Puig, con la que he trabajado durante nueve años. La tristeza viene porque se deshace un equipo. Pero se ha acabado un programa, como pasa con muchos otros, fruto de una decisión deseada, pensada y meditada.
–La canción de despedida del Palau, Qualsevol nit pot tornar El club, ¿fue como una premonición?–No. Es una versión de Qualsevol nit pot sortir el sol y, que yo sepa, nunca ha salido el sol por la noche.
–¿Pero El club podría regresar?–No. Se ha acabado, pero tengo la sensación de que volveré, tarde o temprano, con un programa u otro.
–¿Qué balance hace ahora?–Estoy muy contento de haber trabajado con mucha tranquilidad y libertad gracias a TV-3. Hicimos una propuesta y nos hemos mantenido fieles a ella, tanto si hemos sido líderes como si no. La cadena y nosotros no nos hemos vuelto locos y hemos hecho lo que sabíamos hacer: en total, 100.000 minutos de tele. Algunos han salido mejor que otros, pero yo los firmo. Hemos hecho el programa en el que creíamos.
–¿Qué ha supuesto en su carrera?–Es un privilegio estar en tu casa, porque el plató se acaba convirtiendo en eso, y que venga gente interesante a explicarte cosas. He aprendido muchísimo profesionalmente como humano. Además, me costará mucho encontrar un equipo en el que nos llevemos tan bien. Se siente mucho ese vacío.
–¿Cuál ha sido el peor momento?–Tiene un nombre: Pepe Rubianes. Acabar sin él es como ese día de Navidad que se te ha muerto alguien en casa y hay una silla vacía. Le echaré mucho de menos, porque ha formado parte de la familia de El club.
–Si tuviese que empezar ahora de nuevo El club, ¿qué no repetiría?–No me apetece el plató, tal vez por desgaste personal. Lo plantearía muy diferente, porque cinco años es mucho tiempo y una cosa que es válida en un momento determinado puede no serlo al cabo de un tiempo. Éramos cuatro gatos y en cinco años ha habido una revolución en la tele.
–
Se supone que reflexionará sobre todo eso a la hora de volver...--Pero tendré más en cuenta lo que a mí me apetezca hacer. Lucharé por intentar hacer lo que tenga ganas.
–¿Por ejemplo?--No tengo ni idea. No quiero precipitarme a la hora de decidir sobre mi futuro. He trabajado nueve años sabiendo cada hora y cada minuto dónde tenía que estar. Ahora me hace feliz no tener todo el día programado, ir de vacaciones y pensar tranquilamente en qué me apetece. Sé lo que no quiero hacer. Por eso he dicho no a ofertas que en otros momentos de mi carrera habría aceptado.
–¿Consiguió quitarse la etiqueta de sustituto de Julia Otero?–En ningún momento pensé eso personalmente. Cuando me ofrecieron las tardes de TV-3, me hizo mucha ilusión y pensé que me veía capaz de hacerlo. Y saqué adelante la propuesta. Estoy encantado de la vida.